sábado, 5 de mayo de 2012

Les lyonnais, de Olivier Marchal

En general, ver una película es un ejercicio de coprofagia o de necrofilia. En este caso, no entiendo cómo tragamos, nunca mejor dicho, con la porquería que se produce más allá de los Pirineos. Es esta una tediosa y vulgarísima "versión" de ese otro tostón que es El padrino, sólo que en vez de Marlon Brando tenemos a un gitano matón y su correspondiente cohorte de chusma varia.

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